Espiritualidad de la Cruz



 

Toda verdadera espiritualidad cristiana tiene como fuente de inspiración la contemplación de algún rostro de Jesús. Cada espiritualidad contempla un rostro de Jesús de Nazaret; pero Él tiene una infinidad de rostros que contemplar; alguien puede contemplar a Jesús maestro, a Jesús evangelizador del Reino, Jesús el Buen Pastor, Jesús y la mujer, Jesús y los niños, Jesús sanador de enfermos, Jesús salvador de los pecadores, Jesús en la última Cena, Cristo Rey, Jesús crucificado, Cristo Resucitado… ¿Cuál es el rostro de Jesús que quiere contemplar la Espiritualidad de la Cruz? Quiere contemplar el rostro de Jesucristo Sacerdote y Víctima. ¿Y para qué? Para que, en unión con Cristo, el cristiano viva en plenitud su sacerdocio bautismal. Esto lo realiza de acuerdo a su vocación personal: sea en la vida laical, en medio de las realidades del mundo; sea en el ministerio sacerdotal o en la vida consagrada. El bautizado participa del sacerdocio de Jesucristo. En el bautismo, en el momento de unción, el ministro le dice: «tú eres para siempre miembro de Cristo Sacerdote, de Cristo Profeta y de Cristo Rey.» Cristo Jesús es el Sumo Sacerdote, misericordioso y fiel, que, al impulso del Espíritu Santo, se ofreció a sí mismo a Dios como víctima inmaculada, para expiar los pecados del mundo.